Bendicion Celta

Que la luz de tu alma te guie,
Que la luz de tu alma bendiga el trabajo que haces,
con el amor que hay en tu corazón,
Que veas en todo lo que haces la belleza de tu propia alma.

Thursday, November 14, 2013

El Tiempo

Hace tres días comencé a practicar yoga. Todos los días pasaba frente al estudio y me decía a mi misma: tengo que comenzar. Se convirtió aquello en una mortificación diaria, hasta que lo hice...no se si para aplacar mi voz interna o simplemente porque había llegado el "momento" o "tiempo" de hacerlo.
Llegué al estudio y me preguntaron si deseaba el salón caliente o el de temperatura ambiente. No había pensado en eso!!!  Antes de decidir, me tomé un  tiempo para observar. El salón caliente parecía ser el más popular. Estaba lleno de gente joven y bella, todas con cuerpos vigorosos y ganas de ejercitarse. Después de hacer la clase, salían empapados de sudor, lo que se traducía, según la explicación, en una pérdida de peso y de toxinas. Es una maravilla! me decía la muchacha. Todo aquello sonaba tentador. 
Volteé a la izquierda y le pregunté por el salón de temperatura ambiente. Me fije que sólo tenía tres personas que calladamente y sentadas en su "mat", esperaban a la instructora. Sentí que allí, el tiempo transcurría de otra manera. Entonces supe que era el manejo del tiempo lo que me llamaba la atención.
Por un momento observe toda la escena. Del lado derecho el salón caliente, lleno de actividad, de gente, de música... en el lado izquierdo el otro, con un ritmo diferente, callado, lento. Yo estaba en el medio, podía escoger. Escogí el salón de temperatura ambiente y allí he estado por estos tres días.
Ayer tuvimos una clase que consistía en hacer una postura y mantenerla por unos minutos. Se supone que esto rompería con la memoria del músculo y daría paso a una nueva forma de moverse. Servía para aquellas personas que tenían alguna contractura, alguna tensión. Todos los movimientos se hacían con los ojos cerrados. Comencé la clase y debo decir que al principio constituyó un reto. Quedarse en una posición sin moverse, requiere de voluntad. Me daba cuenta, mientras permanecía inmóvil, que mi mente también se iba desacelerando. Poco a poco fuimos entrando en otra realidad, un mundo paralelo, que permitía observar. En la mitad de la clase la instructora apagó la luz. No veíamos lo que hacia el otro. Solo sentíamos nuestro propio cuerpo. Casi al final, sonó un mantra que conozco y después del Namasté de rigor, prendieron la luz. 
Fueron las palabras de la instructora las que terminaron de dar sentido a la experiencia: Se requiere de valentía para aceptar desacelerar el ritmo. Venir a hacer yoga y seguir moviéndote rápido, es fácil. El verdadero reto esta en detenerse, en no dejar que el ritmo del tiempo te lleve por delante. En aceptar el silencio...
Una sabia mi instructora de yoga!!! Otro dia, pruebo el caliente.