Todavía no me había recuperado del tsunami, cuando me monte en un
avión para Cuenca. Había estado a punto de suspender el viaje. Tenia motivos de
sobra para hacerlo. Era un viaje que había planeado con bastante antelación,
pero las circunstancias que estaba viviendo eran de verdad extremas para mi. Me
puse en manos de Dios diciendo: si me conviene ir pues que se de! Al poco
tiempo mi esposo me dice que tiene que salir de viaje para Colombia por unos días.
La misma semana de mi viaje a Cuenca. En ese momento tomé la decisión de ir,
justo una semana antes del viaje.
Tenia siete meses asistiendo a una Escuela en Miami, llamada
Escuela de Valores Divinos. Esta escuela sigue las enseñanzas de Erika Tucker,
quien es la Gurú, la Guía, la Maestra Iluminada. Aquí pido disculpas por mi
desconocimiento. No tengo ningún tipo de formación previa en esta área. Así que
si no uso los términos adecuados es solo por ignorancia. En este centro, di los
primeros pasos en la meditación, en yoga y entré en contacto con cosas totalmente
nuevas para mi. Cuando digo totalmente nuevas, es que muchas de ellas nunca las
había oído. Era como si el revolcón que
me dio la ola, me hubiese arrastrado a un mundo diferente, un país distinto,
otro idioma, otros amigos, otros códigos, otras maneras de contactar a Dios. El
viaje a Cuenca era para un retiro de 7 días en la casa donde Shakti (Erika),
vive. Éramos 7 mujeres las que íbamos desde Miami. Mi sobrina Isabel, viajaría
desde Caracas y esto me ilusionaba mucho.
No tenia expectativa alguna, con este viaje. Pensé que iba a pasar
un tiempo de introspección, de sosiego.
Como lo dije allá y todavía lo pienso, el solo hecho de llegar a Cuenca fue un
triunfo para mi. Estaba viva, entera, tanto afuera como adentro. La única expectativa,
quizás, era que iba a pasar unos días de intimidad y de complicidad con mi
sobrina. Me imagine que íbamos a dormir juntas. Esta expectativa fue rota
apenas llegue a Ecuador. No elegíamos el lugar donde dormíamos ni con quien lo
hacíamos. Tampoco fueron días de sosiego.
Hablar de la experiencia de Cuenca
es imposible para mi. No he podido verbalizar lo que allí viví. Cada vez
que intento contar algo, me doy cuenta que las palabras no expresan la
realidad. Sólo cuando hablo con algunas de las que fuimos, consigo expresar
algo, pero me doy cuenta que la experiencia es individual.
Me viene a la mente, el uso de una analogía, de los años que estuve
en laboratorio de Química. Si imaginamos
mi alma como un gran recipiente lleno de agua y de otras sustancias liquidas y
sólidas de diferente densidad. Cuando llegué a Cuenca el recipiente había sido
agitado y todos los sedimentos, partículas y sustancias no disueltas daban
vueltas en el agua. En Cuenca aparecieron más ingredientes y la agitación fue
todavía más fuerte o diferente. Desde que llegué soy como el químico que esta
en observación para ver la sustancia que precipite, la que decante, la que se
individualice. Entonces, la toma, la ve,
estudia sus propiedades, la define. No puede hablar, conceptualizar, definir,
hasta que el proceso de decantación, selección, discernimiento finalice. Pero
hay resultados parciales.
Hasta ahora, Cuenca me dio dos grande regalos. El primero de
ellos, el más importante, es el del cuestionamiento de la Razón y la Lógica
como herramientas únicas para el conocimiento. Son herramientas importantísimas
que me han traído hasta aquí pero hay territorios, hay espacios, en donde
necesitamos otras y aun más en donde ellas entorpecen el conocimiento.
El otro regalo, maravilloso y que es consecuencia del anterior, es
que se despertó mi contacto con Dios. Con un Dios vivo, presente, que actúa
,que responde, que ama, que sabe mi nombre.
Todo lo demás que haya pasado, lo justo o lo injusto, lo bueno o
lo malo, no son más que micro partículas en el agua, de segunda o tercera
importancia, que ya decantaran o que simplemente son producto del daño
colateral.
Lo único que me queda decir es: Gracias CUENCA!!!!!


