Bendicion Celta

Que la luz de tu alma te guie,
Que la luz de tu alma bendiga el trabajo que haces,
con el amor que hay en tu corazón,
Que veas en todo lo que haces la belleza de tu propia alma.

Thursday, November 8, 2012

Cuenca


Todavía no me había recuperado del tsunami, cuando me monte en un avión para Cuenca. Había estado a punto de suspender el viaje. Tenia motivos de sobra para hacerlo. Era un viaje que había planeado con bastante antelación, pero las circunstancias que estaba viviendo eran de verdad extremas para mi. Me puse en manos de Dios diciendo: si me conviene ir pues que se de! Al poco tiempo mi esposo me dice que tiene que salir de viaje para Colombia por unos días. La misma semana de mi viaje a Cuenca. En ese momento tomé la decisión de ir, justo una semana antes del viaje.
Tenia siete meses asistiendo a una Escuela en Miami, llamada Escuela de Valores Divinos. Esta escuela sigue las enseñanzas de Erika Tucker, quien es la Gurú, la Guía, la Maestra Iluminada. Aquí pido disculpas por mi desconocimiento. No tengo ningún tipo de formación previa en esta área. Así que si no uso los términos adecuados es solo por ignorancia. En este centro, di los primeros pasos en la meditación, en yoga y entré en contacto con cosas totalmente nuevas para mi. Cuando digo totalmente nuevas, es que muchas de ellas nunca las había oído.  Era como si el revolcón que me dio la ola, me hubiese arrastrado a un mundo diferente, un país distinto, otro idioma, otros amigos, otros códigos, otras maneras de contactar a Dios. El viaje a Cuenca era para un retiro de 7 días en la casa donde Shakti (Erika), vive. Éramos 7 mujeres las que íbamos desde Miami. Mi sobrina Isabel, viajaría desde Caracas y esto me ilusionaba mucho.
No tenia expectativa alguna, con este viaje. Pensé que iba a pasar un tiempo de introspección, de  sosiego. Como lo dije allá y todavía lo pienso, el solo hecho de llegar a Cuenca fue un triunfo para mi. Estaba viva, entera, tanto afuera como adentro. La única expectativa, quizás, era que iba a pasar unos días de intimidad y de complicidad con mi sobrina. Me imagine que íbamos a dormir juntas. Esta expectativa fue rota apenas llegue a Ecuador. No elegíamos el lugar donde dormíamos ni con quien lo hacíamos. Tampoco fueron días de sosiego.
Hablar de la experiencia de Cuenca  es imposible para mi. No he podido verbalizar lo que allí viví. Cada vez que intento contar algo, me doy cuenta que las palabras no expresan la realidad. Sólo cuando hablo con algunas de las que fuimos, consigo expresar algo, pero me doy cuenta que la experiencia es individual.
Me viene a la mente, el uso de una analogía, de los años que estuve en laboratorio de Química.  Si imaginamos mi alma como un gran recipiente lleno de agua y de otras sustancias liquidas y sólidas de diferente densidad. Cuando llegué a Cuenca el recipiente había sido agitado y todos los sedimentos, partículas y sustancias no disueltas daban vueltas en el agua. En Cuenca aparecieron más ingredientes y la agitación fue todavía más fuerte o diferente. Desde que llegué soy como el químico que esta en observación para ver la sustancia que precipite, la que decante, la que se individualice.  Entonces, la toma, la ve, estudia sus propiedades, la define. No puede hablar, conceptualizar, definir, hasta que el proceso de decantación, selección, discernimiento finalice. Pero hay resultados parciales.
Hasta ahora, Cuenca me dio dos grande regalos. El primero de ellos, el más importante, es el del cuestionamiento de la Razón y la Lógica como herramientas únicas para el conocimiento. Son herramientas importantísimas que me han traído hasta aquí pero hay territorios, hay espacios, en donde necesitamos otras y aun más en donde ellas entorpecen el conocimiento.
El otro regalo, maravilloso y que es consecuencia del anterior, es que se despertó mi contacto con Dios. Con un Dios vivo, presente, que actúa ,que responde, que ama, que sabe mi nombre.
Todo lo demás que haya pasado, lo justo o lo injusto, lo bueno o lo malo, no son más que micro partículas en el agua, de segunda o tercera importancia, que ya decantaran o que simplemente son producto del daño colateral.
Lo único que me queda decir es: Gracias CUENCA!!!!!

Monday, November 5, 2012

Tsunami


Hace poco cumplí 50 años. Muchos llaman a esta etapa la mitad de la vida. Dicen los que saben, que en esta etapa el alma hace una evaluación del camino recorrido y comienza a replantearse la vida en si misma, dejando aquello que ya no sirve para vivir una nueva etapa, la última, de una manera más auténtica. No se si esto es verdad. Espero que sí, porque mi alma se lo tomo realmente en serio.
Todo comenzó hace unos años con una idea, un pensamiento nada original de buscar un nuevo país donde vivir con nuestros hijos, debido al rumbo que habían tomado las cosas en Venezuela.  Buscamos inicialmente irnos a Colombia o Costa Rica, tratando siempre de continuar con nuestras raíces latinoamericanas. Recuerdo los argumentos de mi esposo: Hay que emigrar a un país latinoamericano. En Miami esta todo hecho. El ultimo lugar donde debemos vivir es en los Estados Unidos. Sin embargo, uno propone y Dios dispone. Al no conseguir donde emigrar a Latinoamérica decidimos visitar, por no dejar, a un abogado de Inmigración en los Estados Unidos. Salimos con las tablas en la cabeza. Lo que le falto fue reírse en nuestras caras. No teníamos posibilidad alguna de emigrar a ese país, eso nos dijo. 
No sabíamos que habíamos puesto en movimiento algo que no se detendría hasta tomar forma definitiva.  Al poco tiempo, en un viaje que hicimos a Miami, mi esposo tuvo una reunión de trabajo. Había una buena posibilidad de trabajar allí. Volvimos a visitar al abogado de Inmigración, quien nos dice que ahora si se iba a poner a trabajar. Hasta aquí todo suena muy fácil, pero no lo fue.
Comenzamos a vivir una etapa, donde convivían las dos realidades. La de irnos y la de quedarnos en nuestro país. Compramos una casa en Boca Raton y la remodelamos. Nos salió la visa de trabajo. Escogimos entre nuestras pertenencias aquellas que nos íbamos a llevar. Mi esposo estaba convencido de que esto era una decisión definitiva. Nuestra casa de Caracas quedo vacía de objetos y también de vida. Era un cascaron vacío. Nuestros hijos, que formaban parte del proyecto original decidieron abortarlo. Gonzalo, quiso irse a Boston a estudiar y Juanchi quedarse en Caracas terminando la carrera. Así, que el movimiento mayor lo tendríamos mi esposo y yo. Decidí aceptarlo, total era ley de vida, los hijos se van, solamente se me había adelantado un poco más. Fuimos al consulado a sellar los pasaportes y recibimos la sorpresa de que el cónsul decidió no hacerlo, solicitando además la revocatoria de la visa. Tremendo frenazo. Ahora nos conseguíamos en Caracas, con una casa despojada de su brillo, con nuestros muebles en Miami, sin la posibilidad de vivir allá. Quedamos como en el medio de dos realidades.
Tengo un mecanismo natural que se me activa cuando estas cosas inesperadas suceden. Inmediatamente me pongo en modo observador. No hablaba, ni opinaba, solo dejaba que las cosas pasaran. Personas se me acercaron a decirme que me había equivocado. Pensaban que me había precipitado al mandar mis muebles antes de tiempo. Alguien muy cercano, me tiró una carga de culpa encima diciéndome que como era yo capaz de hacerle eso a mi casa, la casa que había acogido a mi familia por tantos años. Yo oía todo y pensaba: que fácil es vivir para atrás!! Esa misma persona había aplaudido mi decisión de mudarme.
Vi muchas caras de satisfacción por lo que me pasaba, pero también tuve mucha compañía y comprensión. No entendía por que estaba pasando esto, pero intuía que había algo y que en algún momento iba a entenderlo.
Para mi, la casa es fundamental. La casa es simbólicamente la psique personal. Pues la casa, tal como yo, habíamos recibido un despojo, un desgarramiento parecido a un accidente mortal que nos había dejado lesionadas.  Había que reconstruir.
Comenzamos nuevamente a armar nuestra vida en Caracas. Compre muebles, cuadros, hasta planifiqué una remodelación de la casa que siempre había querido hacer. Me desprendí mentalmente de mis cosas de Miami. Fue el primero de muchos desapegos que tendría que hacer en los días y meses siguientes. La casa de Boca Raton parecía lejana, ajena, sin vida.
Me sentía cómoda con mi vida en Caracas. Todo el mundo esta cómodo en los espacios conocidos. Mi hijo y mi perro estaban felices. Mis amigas estelares, me acompañaban todos los días. Pero mi esposo no estaba contento. Le pesaba la casa. No le gustaba vivir allí.
Ya cuando habíamos decidido quedarnos, nos vinimos a Miami a vender o alquilar la casa de Boca. Nuevamente una vuelta del destino nos cambio la vida. El día antes de regresar el abogado nos dijo que nos había salido la residencia. No era la visa, era mas que eso. Teníamos que quedarnos en Miami. Nuestro hijo se monto solo en el avión y nosotros nos quedamos en Miami y no volveríamos a Caracas sino ocho meses después. En este tiempo, se vendió la casa de Boca Raton y una semana después la casa de Caracas.
En esos días tuve un sueño…Soñé que estaba en la playa con un niña. De repente, el mar se retiraba. Nadie se daba cuenta de lo que venía pero yo si. Tome a la niña de la mano y comencé a correr gritando: Tsunami, Tsunami! Corrí como loca pero no encontraba donde esconderme. La niña me retrasaba mi huida, pero no podía dejarla atrás. Vi como la playa se dividía en dos, haciéndome imposible volver por donde había llegado. Conseguí un lugar donde esconderme, sabia que no estaba lo suficientemente protegida, pero ya no me daba tiempo de conseguir otro lugar. Cerré los ojos y espere a que viniera lo que tenia que venir.
Ahora comprendo que me paso un tsunami por arriba. Vivo en un apartamento con las cosas que sobrevivieron al tsunami. Están allí puestas y cada vez que las veo me sonrio. Las paredes están pintadas de un color que no pega con los muebles, Mis santos están dando vueltas por la casa, buscando su lugar. Recuerdo haber tenido cosas que cuando las voy a buscar no aparecen y no se donde están. Tenia tres comedores, ya no tengo ninguno. Al perro lo perdi entre las aguas. Pero no me importa. Mas bien me sonrío y doy gracias a Dios. Ha podido llevarnos a todos…pero aquí estamos, mi esposo y yo en un apartamento que es puro potencial, mi hijo mayor en Caracas, estudiando y viviendo en un apartamento con parte de los restos que sobrevivieron, mi hijo pequeño en Boston  adelantando su carrera. Ahora para la Navidad todos vamos a estar aqui juntos. Que mas puedo pedir!!!

Sunday, November 4, 2012

El estancamiento


El camino surge de la confrontación de dos opuestos. No hay manera de que no sea así. Hay veces que sentimos que estamos estancados, que las cosas no fluyen, que todo se detiene, que todo intento de movimiento queda truncado bien sea por un suceso externo o interno. Esto puede ocurrir por varias razones. Una de ellas, de la que quiero hablar,  es porque de alguna manera hay cosas por aclarar, hay cosas por decir, por concientizar,  que se han quedado atrapadas en el cuerpo, bien sea a voluntad, es decir, las guardo voluntariamente dentro de mi, o bien sea por que no hemos prestado la atención suficiente y estamos viviendo inconscientemente.  La energía entonces se utiliza en tratar de mantenerlas adentro y no permite que se use en el crecimiento y en el movimiento necesario para caminar y evolucionar. Nos quedamos estancados. Conteniendo. Hasta que el cuerpo aguante, porque la contención no es infinita. Cuando algo tiene que salir, busca su salida por los recovecos del alma, se desliza, aparece de la forma que sea, haciendo cada vez mas bulla y causando un sufrimiento progresivo. Es como el agua que busca su camino erosionando hasta salir.
Cuando llega el momento de hacer consciente algún aspecto de nuestras vidas, comienzan a suceder cosas adentro y afuera que buscan llamar nuestra atención. Me gusta llamarlo el tema del momento. Es bueno, si es posible, atender los primeros signos que notamos. No digo los primeros signos que aparezcan, porque eso dependerá del nivel de atención que se preste. Pero si el primer signo que registremos.
Por lo general, si hemos guardado a voluntad algo dentro de nosotros, si lo reprimimos con fuerza, es porque lo rodea una carga emocional muy fuerte. Entonces, no queremos hablar de eso para no revivir las emociones que representa. Al hacer eso, la vida queda atrapada como en un remolino. Quedamos dando vueltas eternamente sobre un mismo tema. La realidad objetiva se impregna de este hecho, confirmándonos que esta creencia es cierta. De allí surgen las verdades que creemos absolutas y que de alguna manera forman nuestros prejuicios. Decimos con mucha autoridad: “esto es asi porque lo vi con mis propios ojos”.
Pero…si hablamos, con respeto y con humildad, si ponemos en duda nuestras percepciones renunciando al deseo de estar siempre en lo correcto, si dejamos que entre el otro, el opuesto, no para imponerse sino para dialogar desde la convicción que no se posee toda la verdad y por ultimo si renunciamos al deseo de controlar el resultado, aceptándolo como parte de nuestra vida…si hacemos esto…entonces y solo entonces surge el movimiento.

Chichi