Bendicion Celta

Que la luz de tu alma te guie,
Que la luz de tu alma bendiga el trabajo que haces,
con el amor que hay en tu corazón,
Que veas en todo lo que haces la belleza de tu propia alma.

Monday, November 5, 2012

Tsunami


Hace poco cumplí 50 años. Muchos llaman a esta etapa la mitad de la vida. Dicen los que saben, que en esta etapa el alma hace una evaluación del camino recorrido y comienza a replantearse la vida en si misma, dejando aquello que ya no sirve para vivir una nueva etapa, la última, de una manera más auténtica. No se si esto es verdad. Espero que sí, porque mi alma se lo tomo realmente en serio.
Todo comenzó hace unos años con una idea, un pensamiento nada original de buscar un nuevo país donde vivir con nuestros hijos, debido al rumbo que habían tomado las cosas en Venezuela.  Buscamos inicialmente irnos a Colombia o Costa Rica, tratando siempre de continuar con nuestras raíces latinoamericanas. Recuerdo los argumentos de mi esposo: Hay que emigrar a un país latinoamericano. En Miami esta todo hecho. El ultimo lugar donde debemos vivir es en los Estados Unidos. Sin embargo, uno propone y Dios dispone. Al no conseguir donde emigrar a Latinoamérica decidimos visitar, por no dejar, a un abogado de Inmigración en los Estados Unidos. Salimos con las tablas en la cabeza. Lo que le falto fue reírse en nuestras caras. No teníamos posibilidad alguna de emigrar a ese país, eso nos dijo. 
No sabíamos que habíamos puesto en movimiento algo que no se detendría hasta tomar forma definitiva.  Al poco tiempo, en un viaje que hicimos a Miami, mi esposo tuvo una reunión de trabajo. Había una buena posibilidad de trabajar allí. Volvimos a visitar al abogado de Inmigración, quien nos dice que ahora si se iba a poner a trabajar. Hasta aquí todo suena muy fácil, pero no lo fue.
Comenzamos a vivir una etapa, donde convivían las dos realidades. La de irnos y la de quedarnos en nuestro país. Compramos una casa en Boca Raton y la remodelamos. Nos salió la visa de trabajo. Escogimos entre nuestras pertenencias aquellas que nos íbamos a llevar. Mi esposo estaba convencido de que esto era una decisión definitiva. Nuestra casa de Caracas quedo vacía de objetos y también de vida. Era un cascaron vacío. Nuestros hijos, que formaban parte del proyecto original decidieron abortarlo. Gonzalo, quiso irse a Boston a estudiar y Juanchi quedarse en Caracas terminando la carrera. Así, que el movimiento mayor lo tendríamos mi esposo y yo. Decidí aceptarlo, total era ley de vida, los hijos se van, solamente se me había adelantado un poco más. Fuimos al consulado a sellar los pasaportes y recibimos la sorpresa de que el cónsul decidió no hacerlo, solicitando además la revocatoria de la visa. Tremendo frenazo. Ahora nos conseguíamos en Caracas, con una casa despojada de su brillo, con nuestros muebles en Miami, sin la posibilidad de vivir allá. Quedamos como en el medio de dos realidades.
Tengo un mecanismo natural que se me activa cuando estas cosas inesperadas suceden. Inmediatamente me pongo en modo observador. No hablaba, ni opinaba, solo dejaba que las cosas pasaran. Personas se me acercaron a decirme que me había equivocado. Pensaban que me había precipitado al mandar mis muebles antes de tiempo. Alguien muy cercano, me tiró una carga de culpa encima diciéndome que como era yo capaz de hacerle eso a mi casa, la casa que había acogido a mi familia por tantos años. Yo oía todo y pensaba: que fácil es vivir para atrás!! Esa misma persona había aplaudido mi decisión de mudarme.
Vi muchas caras de satisfacción por lo que me pasaba, pero también tuve mucha compañía y comprensión. No entendía por que estaba pasando esto, pero intuía que había algo y que en algún momento iba a entenderlo.
Para mi, la casa es fundamental. La casa es simbólicamente la psique personal. Pues la casa, tal como yo, habíamos recibido un despojo, un desgarramiento parecido a un accidente mortal que nos había dejado lesionadas.  Había que reconstruir.
Comenzamos nuevamente a armar nuestra vida en Caracas. Compre muebles, cuadros, hasta planifiqué una remodelación de la casa que siempre había querido hacer. Me desprendí mentalmente de mis cosas de Miami. Fue el primero de muchos desapegos que tendría que hacer en los días y meses siguientes. La casa de Boca Raton parecía lejana, ajena, sin vida.
Me sentía cómoda con mi vida en Caracas. Todo el mundo esta cómodo en los espacios conocidos. Mi hijo y mi perro estaban felices. Mis amigas estelares, me acompañaban todos los días. Pero mi esposo no estaba contento. Le pesaba la casa. No le gustaba vivir allí.
Ya cuando habíamos decidido quedarnos, nos vinimos a Miami a vender o alquilar la casa de Boca. Nuevamente una vuelta del destino nos cambio la vida. El día antes de regresar el abogado nos dijo que nos había salido la residencia. No era la visa, era mas que eso. Teníamos que quedarnos en Miami. Nuestro hijo se monto solo en el avión y nosotros nos quedamos en Miami y no volveríamos a Caracas sino ocho meses después. En este tiempo, se vendió la casa de Boca Raton y una semana después la casa de Caracas.
En esos días tuve un sueño…Soñé que estaba en la playa con un niña. De repente, el mar se retiraba. Nadie se daba cuenta de lo que venía pero yo si. Tome a la niña de la mano y comencé a correr gritando: Tsunami, Tsunami! Corrí como loca pero no encontraba donde esconderme. La niña me retrasaba mi huida, pero no podía dejarla atrás. Vi como la playa se dividía en dos, haciéndome imposible volver por donde había llegado. Conseguí un lugar donde esconderme, sabia que no estaba lo suficientemente protegida, pero ya no me daba tiempo de conseguir otro lugar. Cerré los ojos y espere a que viniera lo que tenia que venir.
Ahora comprendo que me paso un tsunami por arriba. Vivo en un apartamento con las cosas que sobrevivieron al tsunami. Están allí puestas y cada vez que las veo me sonrio. Las paredes están pintadas de un color que no pega con los muebles, Mis santos están dando vueltas por la casa, buscando su lugar. Recuerdo haber tenido cosas que cuando las voy a buscar no aparecen y no se donde están. Tenia tres comedores, ya no tengo ninguno. Al perro lo perdi entre las aguas. Pero no me importa. Mas bien me sonrío y doy gracias a Dios. Ha podido llevarnos a todos…pero aquí estamos, mi esposo y yo en un apartamento que es puro potencial, mi hijo mayor en Caracas, estudiando y viviendo en un apartamento con parte de los restos que sobrevivieron, mi hijo pequeño en Boston  adelantando su carrera. Ahora para la Navidad todos vamos a estar aqui juntos. Que mas puedo pedir!!!

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